Demasiadas veces me comparten la sensación de correr sin saber a dónde van. Nos movemos, llevados por las circunstancias y la vorágine del día a día,.. a la siguiente reunión, a la entrega del siguiente informe/pedido/ entrega,… sabiendo que así no, pero sin poder parar, teniendo que seguir avanzando. ¿Hacia dónde? no sé, pero representando demasiadas veces aquella frase de los hermanos Marx, «al perder los objetivos, redoblamos los esfuerzos«.

A veces, levantar un poco la mirada, y dedicarnos a pensar sobre nosotros mismos, sobre quiénes somos como personas, profesionales, cuál es o cuál elegimos de manera consciente que sea nuestro objetivo y en el camino que sí y qué no priorizamos…, es decir, saber a dónde queremos llegar siendo fiel a nosotros mismos, puede ser el mejor «movimiento» o inversión que podemos realizar.

Con la mirada alta, abriendo perspectiva, y viendo la foto en su totalidad. Con esta mirada sistémica, puedo identificar quién soy realmente, y dirigir el foco hacia un objetivo elegido por mi y no por el azar.

 

Recordar quién soy, mis valores y mis fortalezas, me da la fuerza y la motivación para enderezar mi rumbo hacia el destino elegido

 

Cuando identifico claramente quién soy,  y pretendo ser fiel a mi misma, resulta que  ya no todo vale, tengo un criterio para aceptar o rechazar las opciones que se me presentan. Resulta que tengo un criterio para decidir más allá de lo urgente (que muchas veces depende de si el que me lo pide grita a mayor o menor volumen…). Empiezo a coger el timón de mi barco y dirigirlo al puerto al que deseo llegar. Y sí, empiezo a decir NO para poder decir SÍ.

Algunas opciones se rechazarán, otras se delegarán, otras se aplazarán… y resulta que aquellas opciones que estaban ahí, debajo de todas aquellas que revoloteaban llamando nuestra atención y acotándonos la visión, florecen con la llave a ventanas y puertas que muestran luz sobre nuestro camino.

Conocer quién soy me lleva a saber cuál es mi propósito, mi razón de ser, y encontrar mis fortalezas, mis puntos fuertes, aquello que me da la oportunidad de ofrecer algo único y personal, y que es fuente de mi ventaja.

Si mi identidad y mis fortalezas, identificadas y de la mano, se dirigen hacia un objetivo, que a su vez es coherente y alineado con ellos, tengo la fuerza y la motivación suficiente para convertirlo en palanca de cambio y enderezar el rumbo de mi barco hacia ese objetivo.

 

¿No te parece un punto de partida más esperanzador?
¿Cuál es el primer paso que podrías dar?
¿Por dónde empezar para recordar quién soy y ordenar(me) entorno a eso?

 

Nota: esta misma reflexión aplica a equipos, organizaciones,… ;-)

 

 

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