Muchas veces, se comienza por una incomodidad. Hay algo con lo que no estoy a gusto, que me genera insatisfacción… Tal vez llevo tiempo con ese dolor, e incluso me he acostumbrado a vivir con ello… pero antes o después, los efectos de ese pequeño dolor salen y llega un momento en el que no puedo eludirlo: ¡no aguanto más!
Necesito cambiar… o que algo a mi alrededor cambie… (normalmente empezamos por pedir esto)… para sentirme mejor. El reconocer esa necesidad o deseo de cambio puede ser el primer paso.
Quiero estar mejor. Quiero estar mejor con mi familia, mi pareja, mis amigos, mis compañeros de trabajo, con mi jefe, en la empresa… No sé lo que quiero exactamente, tal vez sé lo que no quiero (algo he avanzado…) pero sé que quiero estar mejor… Y tal vez incluso empiezo a hacer alguna cosa…movida por esa incomodidad… ¡aunque sea poner el grito en el cielo y decirles a los que están a mi alrededor que tal o cual cosa no me gusta!!! Aunque los efectos de lo que consigo no son los que yo quería…
Otras veces, el cambio de intento es más serio, e incluso tomo algunas decisiones y acciones para cambiar la situación. Y algo ha cambiado, pero todavía no me siento mejor…
Muchas veces me encuentro con esta situación, más o menos caricaturizada. Una demanda de mejora, pero sin una clara definición. ¿Qué es mejorar? Quiero mejorar en mi trabajo: ¿cambiar puesto, mismo puesto, distintas funciones, mismas funciones pero con un reconocimiento distinto,…?¿qué busco con esa mejora? ¿qué «recompensa» me va a aportar?
Y normalmente incluye un cambio por parte de terceras personas… que otros cambien para que yo no cambie… pero ese es otro tema… y hoy hablaré de la ¡necesidad de ser claros en lo que deseamos!
¿Qué hay detrás de esa indefinición? Todavía no sé exactamente qué quiero… o no me atrevo a formularlo. Porque por una parte está la indefinición, que es en sí un problema, pues ando a cazar mariposas… y me distraigo con cada una que pasa a mi alrededor, sin una continuidad clara. Y por otra parte, que nos da miedo, o vergüenza, o simplemente creemos que no nos merecemos tener algo ¡en condiciones!!
Nos cuesta mucho reconocer(nos) y decir(nos) alto y claro lo que quiero: quiero que me reconozcan mi trabajo, quiero un trabajo en el que poder desarrollar mi creatividad, quiero una relación en el que sentirme apoyada …
¡Ay, y lo bien que se queda un@ cuando por fin consigue decirlo!!! Porque aunque cuesta, cuando lo dicen, esa afirmación suele ir acompañado de una sonrisilla de satisfacción, e incluso con un cierto brillo en los ojos. ¡Esa es la prueba infalible de que es lo que desea!!!
Porque una vez que tengo claro lo que quiero, ya no persigo «cualquier destino», sino que puedo desplegar mis velas para llegar a mi destino. Porque si enfoco mi energía, esfuerzos y acciones a lo que realmente importa, a aquello que me acerca a mi destino, no me negaréis, que ¡las oportunidades de conseguirlo son ahora mucho más posibles!
Porque una vez que defino claramente lo que sí quiero, y me doy el permiso a desearlo y a ir a por ese objetivo, resulta que automáticamente se descartan muchas acciones que podría tener en el camino… porque simplemente está claro que no me llevan a mi realidad deseada.
Tendré que poner empeño, decidir qué decisiones tomar cuando encuentre diferentes vías en el camino, valorar la idoneidad de tal o cual comportamiento, superar los obstáculos, internos o externos que seguro, aparecerán… pero si tengo claro lo que sí incluye mi objetivo, incluso cuando la vorágine del día a día y la niebla acechen, podré tener un criterio para enfocar el destino en el horizonte. Y no perderme….
¿Te animas a iniciar el camino? ¡Depende de ti!
Fotos: propias






[…] Cuando inicias un camino, como es el proceso de cambio, sabes hacia dónde te quieres dirigir y cuál es el escenario que te gustaría encontrar, y abogo por definirlo claramente, pues funciona como faro que nos guía en el camino, aportando motivación para seguir y un rumbo cuando la realidad nos inunda con su niebla (ver Pero, ¿qué quieres realmente?). […]