¿Quién no firmaría por tener un equipo comprometido con la empresa y con el proyecto, con las personas de su equipo, con obtener resultados, que les importa verdaderamente su trabajo y que por tanto se mojan?

Se han escrito ríos de tinta sobre el compromiso. Sobre sus bondades y beneficios. Hablamos con la boca llena del deseo de tener gente comprometida a nuestro lado. Trabajadores comprometidos con la empresa, que arrimen el hombro. ¡El gran objeto de deseo! Yo la primera que he hablado sobre el compromiso en este blog. Equipos formados por personas comprometidas que logran resultados extraordinarios.

Pero este no es un post para hablar de las bondades del comprometerse, sino más bien de posibilitarlo…

 

¿Qué hacemos para fomentar el compromiso?


Pero, empecemos por el principio: ¿qué es comprometerse?

  • Según la RAE, compromiso es obligación contraída, por lo que comprometerse (a falta de definición), podemos decir que es el responder en función de la  obligación contraída.
  • Una definición menos académica, pero tal vez más ilustrativa, puede ser la que nos refleja esta metáfora:

 

 

compromiso

 

«Si cocináramos un plato de huevo con jamón, y lo asimiláramos al nivel de compromiso en este plato y en la vida,   ti ¿qué te gustaría ser? La gallina o el cerdo.

La gallina: Pone los huevos para este plato, lo que naturalmente involucra esfuerzo y complejidad.

El cerdo: Pierde la vida, para hacer el jamón.

Tal vez esta es una analogía muy sencilla pero nos permite ver la esencia del compromiso:

La gallina participa en el proceso pero no está comprometida.

El cerdo no sólo participa sino que da su vida para que el platillo salga perfecto.»

 

Pero ese compromiso no es gratuito, y hay que ganarlo. Porque las personas nos comprometemos o no…. si queremos. No es algo que nada ni nadie nos pueda obligar. Es más, ¡basta que te obliguen para que se consiga el efecto contrario!! Con lo cuál, me viene a la cabeza… ¿y qué hace que queramos?

 

Compromiso = actitud + proyecto con sentido

 

En muchos discursos, oigo que se enfatiza la primera parte, la actitud. Es decir, se pone la pelota sobre el tejado del trabajador. Pero como siempre, en el término medio está la virtud.

Una gran parte empieza en la actitud, es decir, en el querer mojarse, en querer hacer un buen trabajo, en que te importe tu trabajo, porque es algo que al fin y al cabo, es parte de ti. No en vano dedicamos la mayor parte de nuestra jornada en nuestro trabajo.

Se trata de venir «vestido desde casa» con el chip o la actitud adecuada. Es una elección que hacemos: o voy y trato de ser y hacer lo mejor posible con lo que tengo a mi alcance , o simplemente voy a cumplir con lo justo y necesario para cubrir el expediente… o peor, y paso el día «de cuerpo presente y mente ausente», en estado de «despido interior». Hago mi trabajo, sin fallos aparentes. Sin más… ¡Qué coste personal para el trabajador y qué derroche de talento para la empresa!

Daniel Pink, nos habla de las motivaciones intrínsecas de la persona. De aquellas que nos mueven a hacer y comprometernos con las cosas, más allá del «palo y la zanahoria». Daniel nos indica que, una vez cubiertas las necesidades básicas (salario, seguridad,…), las personas necesitamos otro tipo de motivaciones más personales (relacionados con el propio desarrollo y propósito personal) que se podrían resumir en

  1. la autonomía, o el deseo de dirigir nuestras vidas;
  2. el dominio, o la urgencia de mejorar más y más en algo importante, y
  3. la finalidad, o el anhelo de hacer lo que hacemos al servicio de algo más allá de nosotros mismos.

Y cuando estamos realmente motivados… porque lo que hacemos nos permite sentirnos bien, porque tiene SENTIDO lo que hacemos… el compromiso surge como consecuencia. Tiene sentido saber que mi trabajo contribuye a la buena marcha del proyecto o la empresa, tiene sentido saber que trabajo en una empresa con valores y principios acordes a los míos, tiene sentido saber que yo contribuyo al bienestar de otros compañeros de trabajo, tiene sentido saber que mi trabajo me permite desarrollarme como profesional y como persona,….

Ahora bien, también es cierto que esa actitud, tiene que tener un entorno adecuado donde poder fertilizar. Necesito un entorno con sentido. Un entorno en el que pueda trabajar de manera adecuada (infraestructura y condiciones), no coarten cualquier iniciativa, donde se lidera desde la coherencia y la ejemplaridad  y donde hay un equilibrio entre lo que ofrezco a la empresa y recibo de ella.

Porque es responsabilidad del líder el generar los espacios para que su equipo puede tener la posibilidad de dar lo mejor de ellos mismos, y esa sí que es una responsabilidad que no se puede delegar. Para eso no hay ni excusas ni atajos…

Porque el compromiso del equipo es una medida bastante fidedigna de la calidad del liderazgo. Porque el liderazgo comienza en asumir la responsabilidad de generar el contexto adecuado.

Porque a veces, incluso la mejor de las voluntades puede ir apagándose cual vela que se queda sin oxígeno…

Porque esto se trata, de un proyecto, de un equipo, no de un nosotros y unos ellos, sino de un trabajo que sume fuerzas. De querer comprometerse y tener razones para ello. Por un hoy por mi y mañana por ti… porque como dice Al Pacino en  «Un domingo cualquiera»

 

Yo no puedo convenceros de que lo hagáis. Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado, mirarle a los ojos, y vais a ver a un tío dispuesto a ganarla con vosotros, vais a ver a un tío que se sacrificará por este equipo, porque sabe que cuando llegue la ocasión, vosotros lo haréis por él.

 

La buena noticia, que la actitud y el liderazgo se pueden trabajar. Crear entornos en los que tenga sentido comprometerse. Puede no ser fácil, ¡pero caray si merece la pena!!!!

¿Qué haces para fomentar tu propio compromiso y el de tu equipo?

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